Elites y relaciones de poder en el Líbano de la II República

El 14 de febrero de 2005 el Primer Ministro libanés Rafik Hariri moría víctima de un atentado en Beirut. El acontecimiento provocó una serie de reacciones a escala nacional e internacional, que derivaron en una serie de cambios aparentemente revolucionarios para el país. La euforia invadió a una parte de la sociedad libanesa, y el Líbano volvía a las primeras páginas de la prensa internacional. Titulares como el de “Intifada de la Independencia” o la “Primavera de Beirut” intentaban mostrar a la opinión pública mundial que se había llegado al fin de una etapa. El viejo sistema se ha colapsado y un nuevo sistema acaba de nacer
Las movilizaciones de la oposición a la presencia siria, lideradas por Walid Yumblat, el Patriarca maronita Nashralá Sfeir, y el Partido del Futuro (al-Mustaqbal) de Saad Hariri, hijo del difunto; junto con el apoyo de parte de la comunidad internacional, forzaron la retirada definitiva de las tropas sirias (abril 2005), que ocupaban el país desde 1976. Tras esto, importantes personajes de la historia inmediata del país como Michel Aoun o Samir Geagea reaparecieron en la escena política. Pasado el tiempo sin embargo, la realidad supera las previsiones más pesimistas. El país está dividido en torno a dos grandes grupos: El grupo del 14 de marzo (14M) liderado por Saad Hariri, el Primer Ministro Fuad Siniora y el druso Walid Yumblat, y el grupo del 8 de marzo (8M) liderado por Hassan Nashralá, Secretario General de Hezbolá, con el apoyo del Presidente de la República Emile Lahoud, el Presidente del Parlamento Nabí Berri, y el líder maronita Michel Aoun.
La vida política se desarrolla con mucha dificultad, y la tensión es tal que en ciertos momentos la ruptura se hace entrever con nitidez. Nuestra pretensión en este trabajo, es la de tratar de dilucidar qué ha llevado al país a esta situación, dando al traste con las espectativas creadas en 2005. Para ello consideramos importante analizar el Líbano a lo largo de toda la II República, es decir desde que se firmaran los acuerdos de Taif, y finalizara la Guerra Civil en 1990. Más
concretamente, hemos fijado muestra atención en la elite que ha dirigido el país en este periodo siguiendo las propuestas de Ferran Izquierdo Brichs3 sobre la sociología del poder. Partimos de la idea de que las elites en cualquier contexto, actúan impulsadas por el deseo de acumulación diferencial de poder. El Líbano es un país con una estructura sociopolítica, propicia a la aparición de elites y multiples espacios de influencia; un sistema que en definitiva se caracteriza por una fuerte fragmentación del poder. En este sentido, creemos que la inestabilidad del país responde a la competencia que se genera entre esas elites, en esa búsqueda constante por la acumulación diferencial de poder.

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