Al-Jalil, Qiryat Arba, San Abraham Hebrón: La otra Jerusalén

La historia universal es la historia del hombre urbano. Los pueblos, los Estados, la política, la religión, todas las artes, todas ciencias se fundan en un único protofenómeno de la existencia humana: en la ciudad. En efecto las grandes civilizaciones emergieron en las ciudades y se desarrollaron en torno a éstas: Ur, Lagash, Nínive, Azur…en Mesopotamia; Micenas y Tirinto abanderando la civilización micénica, las grandes ciudades-Estado de la Grecia Clásica; Roma, la gran Constantinopla, capital romana y bizantina- la Estambul otomana, desde 1453-; o qué decir de las capitales del Islam clásico, la capital omeya, Damasco, y la Bagdad abbasí, heredera de Babilonia…
Partiendo de esa premisa spengleriana, para quien, recordemos, la historia humana es sobre todo historia ciudadana, el objeto de estudio este trabajo se encuadra en el corazón de la antigua Canaán, la tierra bíblica de la promesa, que mana leche y miel, en la actualidad el territorio que desgarra a israelíes y palestinos (Israel, Gaza y Cisjordania), para encontrar una ciudad milenaria, clave en la historia de la región y de los pueblos que la forjaron, así como escenario del crecimiento, la convivencia y la confrontación de las tres grandes religiones monoteístas del Mediterráneo. Se trata de Hebrón, la Qiryat Arba de la Escritura, y de Al-Jalil, “El amigo” para los árabes en referencia a Abraham, el patriarca venerado a la vez por musulmanes, judíos y cristianos. En Hebrón fue donde precisamente murió Abraham y su esposa Sara, enterrados en la cueva que el patriarca comprara al hitita Efrón y donde nació su hijo Isaac, el hijo de la promesa (luego llamado Israel). Todos los patriarcas y matriarcas, excepto Raquel, fueron enterrados allí. Aquí se sitúa un pasaje fundamental del Antiguo Testamento, una premisa indiscutible y referente principal del sionismo (el nacionalismo moderno judío), en el que Dios, dirigiéndose a Abrahám, proclama la tierra prometida: Yo te daré a ti y a tus descendientes la tierra en la cual habitas, toda la Tierra de Canaán, como herencia eterna. Es también donde, según la Biblia, reinó David siete años y medio sobre Judá y el lugar donde le aclamaron rey de todo el país los representantes de las tribus del norte. Fue la capital del reino unido hasta que David conquistó Jerusalén a los jebuseos en el año 1000 a. C.3.

Citar comoAntonio Basallote Marín. AL‐JALIL, QIRYAT ARBA, SAN ABRAHAM, HEBRÓN: LA OTRA JERUSALÉN. Alatafulla, FIMAM, 2010, pp. 1-179. (ISBN: 978‐84‐614‐7251‐2)

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